Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra Al fondo del cráter se abrÃan tres chimeneas, por las que, en la época de las erupciones del Sneffels, el foco central expulsaba sus lavas y sus vapores. Cada una de aquellas chimeneas tenÃa aproximadamente cien pies de diámetro, y se abrÃan bajo nuestros pies. Yo no hubiera tenido valor para hundir mi mirada en ellas. Sin embargo, el profesor Lidenbrock habÃa hecho un rápido examen de su disposición; estaba jadeante; corrÃa de una a otra, gesticulando y profiriendo palabras incomprensibles. Hans y sus compañeros le observaban sentados sobre unos trozos de lava; evidentemente le tomaban por loco.
De pronto mi tÃo lanzó un grito. Creà que acababa de perder pie y caer en uno de los tres abismos. Pero no. Estaba de pie, con los brazos levantados y las piernas separadas, ante una roca de granito situada en el centro del cráter, como un enorme pedestal hecho para una estatua de Plutón. Se encontraba en la posición de un hombre asombrado; pero esa estupefacción dejó paso muy pronto a una alegrÃa insensata.
—¡Axel, Axel! —gritó—. ¡Ven, ven!
Yo acudÃ. Ni Hans ni los islandeses se movieron.
—¡Mira! —me dijo el profesor.
«¡Mira!», me dijo el profesor.