Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra Era la obstinación llevada más allá de cualquier lÃmite. No pude contenerme. Recogà una concha perfectamente conservada, que habÃa pertenecido a un animal más o menos semejante a la actual cochinilla; luego se la alcancé a mi tÃo y le dije:
—Mire.
—Bueno —respondió tranquilamente—; es la concha de un crustáceo del desaparecido orden de los trilobites. Nada más.
—Pero ¿no deduce de ello?…
—¿Lo que tú deduces? SÃ. Perfectamente. Hemos abandonado la capa de granito y la ruta de lavas. Es posible que me haya equivocado; pero no estaré seguro de mi error hasta el momento en que haya alcanzado el extremo de esta galerÃa.
—Hace bien actuando asÃ, tÃo, y yo lo aprobarÃa si no tuviéramos que temer un peligro cada vez más amenazador.
—¿Cuál?
—La falta de agua.
—Pues la racionaremos, Axel.