Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra En efecto, tuvimos que racionarla. Nuestra provisión no podÃa durar más de tres dÃas. De eso me di cuenta en el momento de la cena. Desagradable perspectiva: habÃa pocas esperanzas de encontrar algún manantial en aquellos terrenos de la época de transición.
Durante toda la jornada del dÃa siguiente, la galerÃa desarrolló ante nosotros sus interminables arcos de bóveda. Caminábamos casi sin decir palabra. Iba ganándonos el mutismo de Hans.
La ruta no ascendÃa, al menos de forma sensible. A veces, incluso, parecÃa inclinarse. Pero esta tendencia, por lo demás poco marcada, no debÃa tranquilizar al profesor, porque la naturaleza de las capas no variaba, y el perÃodo de transición se afirmaba cada vez más.
La luz eléctrica hacÃa centellear espléndidamente los esquistos, las calizas y las viejas areniscas rojas de las paredes. PodrÃa pensarse en una zanja abierta en medio de Devonshire, la región que dio su nombre a este género de terrenos. EspecÃmenes de mármoles magnÃficos revestÃan las paredes, unos de un gris ágata con vetas blancas caprichosamente acusadas, otros de color encarnado o de un amarillo manchado de placas rojas; más adelante, muestras de mármoles de manchas carmÃn y colores sombrÃos, en los que las areniscas destacaban con matices vivos.