Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra La mayoría de aquellas piedras contenían huellas de animales primitivos. Desde la víspera, la creación había hecho un progreso evidente. En lugar de los trilobites rudimentarios, percibí restos de un orden más perfecto: entre otros, peces ganoides y esos sauropteris en los que la mirada de paleontólogos ha sabido descubrir las primeras formas del reptil. Los mares devónicos estaban habitados por gran número de animales de esta especie, y los depositaron por millares en las rocas de nueva formación.
Estaba claro que remontábamos la escala de la vida animal, cuya cima ocupa el hombre. Pero el profesor Lidenbrock no parecía prestarle atención.
Esperaba dos cosas: o que un pozo vertical se abriera ante nuestros pies y le permitiera seguir su descenso, o que un obstáculo le impidiese continuar por aquella ruta. Pero llegó la noche sin que tales esperanzas se vieran realizadas.
El viernes, tras una noche en la que comencé a sentir los tormentos de la sed, nuestro pequeño grupo se hundió de nuevo en el laberinto de la galería.