Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra —Sà —prosiguió con animación renovada—, aquà tenemos un hombre fósil contemporáneo de los mastodontes, cuyos esqueletos llenan este anfiteatro. Pero no voy a decirles por qué camino ha llegado aquÃ, cómo se han deslizado hasta esta enorme cavidad del globo las capas donde estaba enterrado. Sin duda, en la época cuaternaria todavÃa se manifestaban perturbaciones considerables en la corteza terrestre; el enfriamiento continuo del globo producÃa fracturas, hendiduras, fallas, por las que verosÃmilmente caÃa una parte del terreno superior. No quiero pronunciarme, pero en última instancia el hombre está ahÃ, rodeado por las obras de su mano, por esas hachas, por esos sÃlex tallados que constituyeron la edad de piedra, y a menos que haya venido aquà como simple turista, como pionero de la ciencia no puedo poner en duda la autenticidad de su antiguo origen.
El profesor se calló, y yo estallé en unánimes aplausos. Por otra parte, mi tÃo tenÃa razón, y personas más sabias que su sobrino se habrÃan visto en la imposibilidad de llevarle la contraria.
Otro indicio más. Aquel cuerpo fosilizado no era el único del inmenso osario. A cada paso que dábamos en aquel polvo, encontrábamos nuevos cuerpos, y mi tÃo podÃa escoger la más maravillosa de aquellas muestras para convencer a los incrédulos.