Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra —¡Cómo! —exclamé—. Estamos atrapados en una erupción; la fatalidad nos ha arrojado al camino de las lavas incandescentes, de las rocas en llamas, las aguas hirvientes y todas las materias eruptivas; vamos a ser rechazados, expulsados, despedidos, vomitados, expectorados al aire con trozos de rocas, lluvia de cenizas y escorias, en un torbellino de llamas, ¡y eso es lo mejor que podrÃa pasarnos!
—Sà —respondió el profesor mirándome por encima de sus gafas—, porque es la única posibilidad que tenemos de volver a la superficie de la Tierra.
Pasaré sin detenerme por las mil ideas que se cruzaron en mi cerebro. Mi tÃo tenÃa razón, toda la razón, y jamás me pareció ni más audaz ni más convencido que en aquel momento en que esperaba y sopesaba con calma las posibilidades de una erupción.
Mientras tanto, continuábamos subiendo; la noche transcurrió en ese movimiento ascensional; aumentaba el estrépito circundante; yo estaba casi completamente sofocado ya que creÃa llegada mi última hora, no obstante, la imaginación es tan extravagante que me entregué a una búsqueda infantil. Viéndome obligado a soportar mis pensamientos, puesto que no los podÃa dominar.