Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra —¿De qué terror se trata ahora? —me respondió con una calma sorprendente—. ¿Qué te pasa?
—¿Que qué me pasa? Observe esas paredes que se agitan, ese macizo que se disloca, el calor tórrido, el agua que hierve, los vapores que se espesan, la aguja loca; son todos los indicios de un terremoto.
Mi tÃo movió lentamente la cabeza.
—¿Un terremoto? —preguntó.
—SÃ.
—Muchacho, creo que te equivocas.
—¡Cómo! ¿No reconoce los sÃntomas?
—¿De un terremoto? No; espero algo mejor.
—¿Qué quiere decir?
—Una erupción, Axel.
—¡Una erupción! —dije—. ¡Estamos en la chimenea de un volcán en actividad!
—Eso creo —dijo el profesor sonriendo—, y es lo mejor que puede pasarnos.
¡Lo mejor que puede pasarnos! ¡Mi tÃo se habÃa vuelto loco! ¿Qué significaban aquellas palabras? ¿Por qué aquella calma y aquella sonrisa?