Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra Para terminar, debo añadir que este Viaje al centro de la Tierra causó enorme sensación en el mundo. Fue impreso y traducido a todas las lenguas; los periódicos de mayor prestigio se disputaron sus principales episodios, que fueron comentados, discutidos, atacados y sostenidos con igual convicción, tanto en el campo de los creyentes como de los incrédulos. Cosa rara. Mi tío gozaba en vida de toda la gloria que había adquirido y hasta el señor Barnum llegó a proponerle «exhibirlo» a muy alto precio por los Estados de la Unión.
Pero un malestar, digamos incluso que tormento, dejaba un mal sabor de boca en medio de tanta gloria. Un hecho seguía siendo inexplicable: el de la brújula; y para un sabio, semejante fenómeno inexplicado se convierte en el suplicio de la inteligencia. Sin embargo, el cielo reservaba a mi tío una felicidad completa.
Cierto día, mientras ordenaba una colección de minerales en su gabinete, vi la famosa brújula y me puse a contemplarla.
Estaba allí desde hacía seis meses, en su rincón, sin saber las torturas que causaba.
De pronto, ¡cuál no fue mi pasmo! Lancé un grito. Acudió el profesor.
—¿Qué pasa? —preguntó.
—La brújula.
—¿Y qué?
—Que la aguja indica el Sur y no el Norte.