Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra —Ignorante, ¿crees que se llega tan fácilmente a Islandia? Si no te hubieras ido como un loco, te habrÃa llevado a la oficina de representación de Copenhague, a Liffender y Co. Allà habrÃas visto que de Copenhague a Reikiavik no hay más que un servicio, el 22 de cada mes.
—Y ¿qué pasa?
—Pues que si esperásemos al 22 de junio, llegarÃamos demasiado tarde para ver la sombra del Scartaris acariciar el cráter del Sneffels. Por tanto, hay que llegar a Copenhague cuanto antes, para buscar un medio de transporte. ¡Vete a hacer la maleta!
No habÃa respuesta posible. Subà a mi habitación. Graüben me siguió. Fue ella la que se encargó de ordenar, en una pequeña maleta, los objetos necesarios para mi viaje. No estaba más emocionada que si se hubiera tratado de un paseo a Lübeck o a Heligoland. Sus pequeñas manos iban y venÃan sin precipitación. Hablaba con calma. Me daba las razones más sensatas en favor de nuestra expedición. Me encantaba, y yo sentÃa una gran irritación contra ella. A veces querÃa dejarme llevar por esa cólera, pero ella no hacÃa caso y continuaba metódicamente su tranquila tarea.
Por fin quedó atada la última correa de la maleta. Descendà al piso bajo.