Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra Durante aquel dÃa se multiplicaron los proveedores de instrumentos de fÃsica, de armas, de aparatos eléctricos. Marthe no sabÃa dónde tenÃa la cabeza.
—¿Se ha vuelto loco el señor? —me preguntó.
Le hice una señal afirmativa.
—¿Y le lleva a usted con él?
La misma afirmación.
—¿Adónde? —preguntó.
Señalé con el dedo el centro de la Tierra.
—¿A la bodega? —exclamó la vieja sirvienta.
—No —dije yo finalmente—, más abajo.
Llegó la noche. Yo ya no tenÃa conciencia del tiempo transcurrido.
—Mañana por la mañana —dijo mi tÃo— partimos, a las seis en punto.
A las diez caà en la cama como una masa inerte.
Durante la noche mis terrores volvieron a dominarme.
La pasé soñando con abismos. Era presa del delirio. Me sentÃa sujeto por la vigorosa mano del profesor, arrastrado, abismado, hundido. CaÃa al fondo de insondables precipicios con esa velocidad creciente de los cuerpos abandonados en el espacio. Mi vida no era más que una infinita caÃda.