Viaje alrededor de la luna
Viaje alrededor de la luna —Y además —añadió el joven francés—, no me pesa haber saboreado un poco ese gas embriagador. ¡Sepan, amigos mÃos, que podrÃa fundarse un establecimiento curioso, con gabinete de oxÃgeno, donde las personas de organismo débil podrÃan dar mayor actividad a su vida durante algunas horas! ¡Supongan una reunión en que el aire se hallase saturado de este fluido heroico, teatros en que la administración lo mandase preparar en gran cantidad, y figúrense qué pasión habrÃa en el ánimo de los actores y de los espectadores, qué fuego, qué entusiasmo! Y si en lugar de una simple reunión, se pudiera saturar a todo un pueblo, qué actividad, qué exuberancia de vida recibirÃa! ¡De una nación degenerada se podrÃa hacer una nación grande y poderosa, y conozco más de un Estado de nuestra vieja Europa que deberÃa someterse al régimen del oxÃgeno, por interés de su salud!
Miguel hablaba y se animaba, en términos que parecÃa estar todavÃa abierta la llave. Pero Barbicane apagó su entusiasmo.
—Todo eso está muy bien, amigo Miguel —le dijo—; pero ¿no nos dirás de dónde vienen esas gallinas que se han mezclado en nuestro concierto?
—¿Esas gallinas?
—SÃ.