Viaje alrededor de la luna
Viaje alrededor de la luna Y en efecto, media docena de gallinas y un gallo magnÃfico andaban de un lado para otro, revoloteando y cacareando.
—¡Ah, torpes! —exclamó Miguel—. El oxÃgeno las ha sublevado.
—Pero ¿qué vas a hacer con esas gallinas? —preguntó Barbicane.
—¡Aclimatarlas en la Luna, por Dios!
—Entonces, ¿por qué las escondÃas?
—¡Era una sorpresa que os reservaba, mi digno presidente, pero que ha fracasado, como veis de un modo lastimoso! ¡QuerÃa soltarlas en la Luna sin deciros nada! ¡Cuánto os hubiera sorprendido ver a esos volátiles terrestres picoteando en los campos lunares!
—¡Ah, tunante, eterno y sempiterno! —respondió Barbicane—. ¡Tú no necesitas oxÃgeno para perder la cabeza! ¡Siempre estás como estábamos hace un rato bajo la influencia del gas! ¡Loco de remate!
—¡Bah! ¿Y quién te ha dicho que no estábamos en aquel momento cuerdos y muy cuerdos? —replicó Miguel Ardán. Tras esa reflexión filosófica, los tres amigos repararon el desorden del proyectil. Las gallinas y el gallo fueron encerrados otra vez en su jaula. Pero al efectuar esta operación, Barbicane y sus dos compañeros advirtieron muy marcadamente un nuevo fenómeno.