Viaje alrededor de la luna
Viaje alrededor de la luna —Y ahora, queridos compañeros —dijo Miguel Ardán—, procedamos como si estuviéramos en nuestra casa; yo soy un hombre muy casero, y mi fuerte es el arreglo de las habitaciones. Hay que sacar el mejor partido de nuestra vivencia y encontrar comodidades en ella. ¡Ante todo, tengamos luz! ¡Qué diablo! El gas no se ha hecho para los topos.
Y, al pronunciar estas palabras, el alegre mozo encendió un fósforo y lo acercó a la llave de un recipiente lleno de hidrógeno carbonado a elevada presión y en cantidad suficiente para suministrar luz y calor por espacio de ciento cuarenta y ocho horas, o sean seis dÃas con seis noches.
Se encendió el gas; y el proyectil, asà iluminado, presentaba el aspecto de una habitación bastante decente, con las paredes cubiertas de un tapiz acolchado, divanes circulares alrededor y techo abovedado. Las armas, las herramientas, los instrumentos y demás objetos que contenÃa, iban sujetos al tapiz acolchado y podÃan sufrir sin riesgo el choque de la salida. Se habÃan tomado, en fin, todas las precauciones humanamente posibles para llevar a feliz término tan temeraria tentativa. Miguel Ardán lo examinó y pareció muy satisfecho de su posición.