Viaje alrededor de la luna
Viaje alrededor de la luna —Es una cárcel —dijo—, pero una cárcel que viaja, y, con tal de poder asomar la nariz a la ventana, no tendré inconveniente en hacer el contrato de arrendamiento por cien años. ¿Por qué te rÃes, Barbicane? ¿Qué piensas? ¿Que esta prisión puede ser nuestro sepulcro? Enhorabuena, pero yo no la cambiarÃa por el de Mahoma, que flota en el aire y no se mueve.
En tanto hablaba en estos términos, Miguel Ardán, Barbicane y Nicholl hacÃan los últimos preparativos. Eran, en el cronómetro de Nicholl, las diez y veinte minutos de la noche cuando los tres viajeros se encerraron definitivamente en el proyectil. Aquel cronómetro estaba puesto a la décima de segundo con el del ingeniero Murchison. Barbicane le consultó.
—Amigo —dijo—, son las diez y veinte. A las diez y cuarenta y siete Murchison lanzará la chispa eléctrica por el alambre que comunica con la carga del columbia, y en ese momento abandonaremos nuestro planeta; nos quedan veintisiete minutos de permanencia en la Tierra.
—Veintiséis minutos y trece segundos —respondió metódico Nicholl.