Viaje alrededor de la luna
Viaje alrededor de la luna —En primer lugar, querido compañero —le respondió Barbicane—, no todos los aerolitos caen a la Tierra; al contrario, son los menos. AsÃ, pues, aunque pasásemos al estado de aerolito, no se deduce de esto que cayéramos a la superficie de la Luna.
—Sin embargo —replicó Miguel—, si nos acercáramos bastante…
—No importa —replicó Barbicane—. ¿No han visto en ciertas épocas atravesar el cielo a millares las estrellas fugaces?
—SÃ.
—Pues bien, esas estrellas, o mejor dicho, esos cuerpecillos, no brillan sino porque se ponen candentes al rozar las capas atmosféricas; es señal de que pasan a menos de 15 leguas del Globo, a pesar de lo cual rara vez caen. Lo mismo le debe ocurrir a nuestro proyectil; puede acercarse mucho a la Luna y, sin embargo, no caer finalmente en ella.
—Pues entonces —dijo Miguel—, quisiera yo saber qué hará en el espacio nuestro vehÃculo errante.
—Sólo veo dos hipótesis —respondió Barbicane, al cabo de unos instantes de reflexión.
—¿Cuáles?