Viaje alrededor de la luna
Viaje alrededor de la luna _¡Ah, sabios, sabios! —exclamó Miguel—. Os tengo clavados en el corazón. ¿Qué nos importa vuestra parábola o vuestra hipérbola, si una y otra nos elevan al infinito en el espacio?
Barbicane y Nicholl no pudieron menos de sonreÃr. Acababan de hacer el arte por placer del arte misr6o. Nunca se habÃa presentado cuestión más intempestiva en momento más inoportuno. La terrible verdad era que, arrastrado el proyectil hiperbólica o parabólicamente, no habrÃa de encontrar jamás a la Tierra ni a la Luna.
¿Qué sucederÃa, pues, a aquellos atrevidos viajeros en un plazo no muy lejano? Si no morÃan de hambre, si no morÃan de sed, morirÃan a los pocos dÃas por falta de aire, cuando se les concluyera el gas, si el frÃo no habÃa concluido antes con ellos.
Más por importante que les fuera ahorrar gas, el excesivo descenso de la temperatura atmosférica les obligó a consumir cierta cantidad de éste. En rigor podÃan pasarse sin luz, pero no sin calor. Por fortuna, el calórico desarrollado por el aparato Reiset y Regnault, elevaba algo la temperatura interior del proyectil y podÃa sostenérsele sin gran gasto en un grado soportable.