Viaje alrededor de la luna
Viaje alrededor de la luna Mientras tanto, las observaciones a través de las lentes se habÃan hecho muy difÃciles. La humedad interior del proyectil se condensaba en los cristales y se congelaba inmediatamente. HabÃa que quitar la opacidad del cristal por medio de continuos frotamientos. A pesar de estos obstáculos se pudieron observar fenómenos del más alto interés.
Efectivamente; si aquel disco invisible hubiera tenido su atmósfera, ¿no debieran haber visto las estrellas errantes cruzando con sus trayectorias? Si el proyectil mismo atravesaba estas capas fluidas, ¿rÃo podrÃa percibirse algún ruido repercutido por los ecos lunares, los rugidos de una tempestad, por ejemplo, los estallidos de un alud, las detonaciones de un volcán en actividad? Y si alguna montaña en ignición se coronaba de un penacho de resplandores, ¿no se hubieran podido distinguir sus intensas fulguraciones? Hechos semejantes, minuciosamente comprobados, les hubiesen aclarado mucho el oscuro problema de la constitución lunar. Por este motivo Barbicane y Nicholl, colocados en sus lentes, como astrónomos, observaban con escrupulosa paciencia, pero hasta entonces el disco permanecÃa mudo y sombrÃo, y no contestaba a nada de las múltiples preguntas que le dirigÃan aquellos hombres. Este silencio provocó la siguiente reflexión de Ardán, bastante justa al parecer.