Viaje alrededor de la luna
Viaje alrededor de la luna ¿Qué habÃa sucedido? ¿Cuál fue el efecto de la terrible sacudida? ¿HabÃa tenido feliz resultado el ingenio de los constructores del proyectil? ¿Se habÃa logrado amortiguar el choque por medio de muelles, de los obturadores, de las almohadillas de agua y los tabiques elásticos? ¿Se habÃa conseguido dominar el terrible impulso de aquella velocidad inicial de 11.000 metros, suficiente para llegar a ParÃs o Nueva York en un segundo? Esto era, indudablemente, lo que se preguntaban los testigos de la asombrosa escena, olvidando por un momento el objetivo del viaje, para no pensar más que en los viajeros. Y si alguno de ellos, por ejemplo J. T. Maston hubiera podido mirar al interior del proyectil, ¿qué habrÃa visto?
Por el pronto, nada. La oscuridad era completa dentro del proyectil, cuyas paredes habÃan resistido perfectamente, sin producirse en ellas la más simple abertura, flexión o deformación. El magnÃfico proyectil no se habÃa alterado en nada, a pesar de la intensa deflagración de la pólvora, ni fundido, como algunos temÃan, produciendo una lluvia de aluminio lÃquido.
Respecto a los objetos que encerraba, alguno que otro habÃa sido aplastado contra el suelo; pero la mayorÃa habÃa resistido perfectamente el choque; sus asideros se hallaban intactos.