Viaje alrededor de la luna
Viaje alrededor de la luna —¡Ah! —exclamó Miguel Ardán—. ¿Hacia la Luna?
—Hacia la Tierra —respondió Barbicane.
—¡Diablo! —exclamĂł. Ardán. AñadiĂł luego, filosĂłficamente—: ¡Bueno! ¡Al entrar en el proyectil pensábamos que no serĂa fácil salir de Ă©l!
Comenzaba, en efecto, aquella espantosa caĂda. La velocidad que conservaba el proyectil le habĂa llevado más allá del punto muerto, sin que pudiera impedirlo la explosiĂłn de los cohetes. Aquella velocidad que, a la ida, habĂa arrastrado al proyectil fuera de la lĂnea neutral, lo arrastraba tambiĂ©n a la vuelta. La fĂsica exigĂa que, en su Ăłrbita elĂptica, “volviera a recorrer todos los puntos por donde habĂa pasado antes”.
Era una caĂda terrible; desde una altura de 78,000 leguas y que ningĂşn muelle ni resorte podĂa debilitar. Con arreglo a las leyes de la balĂstica, el proyectil debĂa dar en la Tierra con una velocidad igual a la que lo animaba al salir del columbia, o sea, a una velocidad de 16,000 metros en el Ăşltimo segundo.