Viaje alrededor de la luna
Viaje alrededor de la luna Y para dar una idea de comparación, diremos que se ha calculado que un objeto arrojado desde la parte más alta de las torres de Nuestra Señora de París, cuya altura no pasa de los 200 pies, llega al suelo con una velocidad de 120 leguas por hora. En el caso a que nos referimos, el proyectil debía caer en la Tierra con una velocidad de “cincuenta y siete mil seiscientas leguas por hora”.
—¡Estamos perdidos! —dijo fríamente, Nicholl.
—Pues bien, si morimos —respondió Barbicane, con una especie de fervor religioso—, el resultado de nuestro viaje será mucho mayor de lo que pensábamos. ¡Dios mismo nos dirá su secreto! ¡En la otra vida, el alma no necesita máquinas ni aparatos para saberlo todo! ¡Se identificará con la sabiduría eterna!
—En todo caso —replicó Miguel Ardán—, el otro mundo todo entero bien puede consolarnos de la pérdida de este astro íntimo que se llama Luna.
Barbicane se cruzó de brazos, en ademán de sublime resignación.
—¡Hágase la voluntad de Dios! —dijo, con voz profundamente emocionada.