Viaje alrededor de la luna
Viaje alrededor de la luna —¿Queréis recibo? —preguntó Barbicane, tomando el dinero.
—Si no os causa molestia —respondió Nicholl—, siempre es una formalidad.
Y con el ademán más serio y flemático, ni más ni menos que si se encontrara ante su caja, el presidente Barbicane sacó la cartera, arrancó una hoja, extendió con el lápiz un recibo en toda regla, lo fechó y firmó y se lo entregó al capitán, quien, a su vez, se lo guardó cuidadosamente en la cartera.
Miguel Ardán se quitó la gorra y se inclinó, sin decir una palabra, ante sus compañeros. Tantas formalidades en aquellas circunstancias le dejaban mudo de admiración; jamás habÃa visto nada tan americano.
Terminada la operación, Barbicane y Nicholl volvieron a colocarse junto al cristal y a mirar las constelaciones. Las estrellas descollaban como puntos brillantes sobre el fondo negro del cielo. Pero por aquella parte no se veÃa el astro de la noche, que se elevaba hacia el cenit. Asà que su ausencia provocó una reflexión de Ardán.
—¿Y la Luna? —dijo—. ¿Se atreverÃa a faltar a nuestra cita?
—Pierde cuidado —respondió Barbicane— Nuestro futuro esferoide se halla en su puesto; pero no lo podemos ver por este lado; vamos a abrir la lumbrera opuesta.