Viaje alrededor de la luna
Viaje alrededor de la luna —¡Es verdad! —respondió Miguel Ardán—, no seamos ingratos con él; puesto que dejamos nuestro paÃs, que sean para él nuestras postreras miradas. Quiero ver la Tierra antes que se eclipse enteramente a mi vista.
Barbicane, para satisfacer los deseos de su compañero, se cuidó de descubrir la ventana del fondo del proyectil por donde se podÃa observar directamente la Tierra; no sin trabajo se logró desmontar el disco que la fuerza de proyección habÃa hundido en el fondo.
Sus fragmentos colocados cuidadosamente junto a las paredes, podÃan volver a servir en caso necesario. Entonces apareció una abertura circular de cincuenta centÃmetros de ancho, practicada en la parte inferior del proyectil, y cerrada por un cristal de quince centÃmetros de espesor reforzado con una armadura de cobre. Por una placa de aluminio sujeta con pasadores la parte exterior se abrÃa, como en las demás, a tornillo, los cuales se soltaron y descubrieron el cristal.
Miguel Ardán se arrodilló sobre el cristal, que aparecÃa oscuro como si fuera opaco.
—¡Hombre! —exclamó—. Pues, ¿y la Tierra?
—¡La Tierra! —dijo Barbicane—. Allà está.
—¡Cómo! —dijo Ardán—. ¿Aquella lÃnea tan delgada en forma de media luna?