Viaje alrededor de la luna
Viaje alrededor de la luna —¡Adán! —respondió Miguel Ardán—. No debe de estar lejos, ahà estará, en cualquier parte; le llamaremos. ¡Satélite! ¡Toma, Satélite!
Pero Satélite no aparecÃa, y Diana continuaba quejándose. Sin embargo, vieron que no estaba herida y le sirvieron una torta apetitosa que puso fin sus ayes.
Satélite parecÃa perdido, y fue necesario buscarlo largo rato, hasta que se le encontró en uno de los compartimentos superiores del proyectil, a donde habÃa sido lanzado por el choque. El pobre animal se hallaba en un estado lastimoso.
—¡Diablos! —dijo Miguel—; ya está comprometida nuestra aclimatación.
Bajaron con cuidado al infeliz perro, que se habÃa roto la cabeza contra la bóveda, y que parecÃa difÃcil que pudiera curarse. No obstante, le tendieron con cuidado sobre un almohadón y allà exhaló un suspiro.
—Nosotros te cuidaremos —dijo Miguel—. Somos responsables de tu existencia; más quisiera yo perder un brazo mÃo que una pata de mi pobre Satélite.
Y al punto dio un trago de agua al herido, que la bebió con avidez.