Viaje alrededor de la luna
Viaje alrededor de la luna Después los viajeros observaron atentamente la Tierra y la Luna. La Tierra no aparecÃa ya sino como un disco ceniciento que terminaba en un arco luminoso más estrecho que la vÃspera; pero su volumen era todavÃa enorme, comparado con el de la Luna, que se acercaba cada vez más a un cÃrculo perfecto.
—¡Caramba! —dijo entonces Miguel Ardán—, siento no haber partido en el momento de haber Luna llena, es decir, cuando nuestro Globo se hallase en posición con el Sol.
—¿Por qué? —preguntó Nicholl.
—Porque hubiésemos visto bajo un aspecto nuevo nuestros continentes y nuestros mares, éstos resplandecientes bajo la proyección de los rayos solares; aquéllos más sombrÃos y como se ven reproducidos en algunos mapas. Me gustarÃa haber visto esos polos de la Tierra a donde no ha llegado la mirada del hombre.
—Por supuesto —respondió Barbicane—; pero habiendo Tierra llena, habrÃa Luna nueva, es decir, invisible en medio de la luz del Sol. Y más necesitábamos ver el punto de llegada que el de partida.
—Tenéis razón, Barbicane —respondió el capitán Nicholl—, y además, cuando hayamos llegado a la Luna tendremos tiempo, durante sus largas noches, de contemplar a nuestro gusto ese Globo en que hormiguean nuestros semejantes.