Viaje alrededor de la luna
Viaje alrededor de la luna —¡Qué bien se está aquÃ! —dijo Nicholl.
—¡Ya lo creo! —exclamó Miguel Ardán—. Con un poco de tierra vegetal extendida sobre nuestro planeta de aluminio, harÃamos nacer guisantes en veinticuatro horas. Sólo temo una cosa, y es que lleguen a entrar en fusión las paredes del proyectil.
—No tengas cuidado, amigo mÃo —respondió Barbicane—. El proyectil ha sufrido una temperatura mucho más elevada, mientras atravesaba las capas atmosféricas. Nada me extrañarÃa que haya parecido un bólido candente a los espectadores de la Florida.
—¡Entonces J. T. Maston debe de creernos asados!
—Lo que me choca —respondió Barbicane— es que no lo hayamos sido. Es un peligro que no habÃamos previsto.
—Yo si lo temÃa —respondió simplemente Nicholl.
—¡Y nada nos habÃa dicho, sublime capitán! —dijo Miguel Ardán, estrechando la mano de su compañero.