Viaje alrededor de la luna
Viaje alrededor de la luna Barbicane y sus compañeros podÃan creerse en reposo absoluto, encerrados en el proyectil, y el efecto hubiera sido el mismo aunque se hallaran en lo exterior. A no ser por, la Luna, que aumentaba en volumen delante de ellos, y por la Tierra, que disminuÃa detrás, podÃan jurar que flotaban en la inmovilidad más completa.
Por la mañana del 3 de diciembre les despertó un ruido alegre, pero inesperado: era el canto de un gallo que resonó dentro del vagón. Miguel Ardán, que fue el primero en despertarse, trepó hasta lo alto del proyectil, y cerrando una caja que estaba entreabierta, dijo en voz baja:
—¿Quieres callar? ¡Este animal va a hacer fracasar mis proyectos!
Entretanto, Nicholl y Barbicane se habÃan despertado también.
—¿Qué es eso? ¿Un gallo aqu� —se preguntó Nicholl.
—No, amigos mÃos —respondió Miguel—, soy yo que he querido despertarlos con ese canto campestre.
Y lanzó un sonoro quiquiriquà digno del más arrogante gallo.
Los dos americanos no pudieron menos de reÃr.
—Vaya una habilidad —dijo Nicholl, mirando a su compañero con aire perspicaz.