Viaje alrededor de la luna
Viaje alrededor de la luna —Y esa explicación es tanto más fundada —añadió Barbicane— cuanto que al arrojar el agua contenida entre los tabiques elásticos, el proyectil se ha encontrado repentinamente aligerado de un peso enorme.
—Justo! —dijo Nicholl.
—¡Ah, mi buen Nicholl! —exclamó Barbicane—. Nos hemos salvado.
—Pues bien —respondió tranquilamente Miguel Ardán—, si nos hemos salvado, almorcemos.
En efecto, Nicholl no se engañaba: la velocidad inicial habĂa sido afortunadamente superior a la indicada por el observatorio de Cambridge, pero lo cierto es que el observatorio de Cambridge se habĂa equivocado. Los viajeros, repuestos de aquel falso motivo de alarma, se sentaron a la mesa y almorzaron alegremente; y si comieron mucho, no hablaron menos; la confianza era mayor aĂşn que antes del “incidente del álgebra”.
—¿Por quĂ© no hemos de seguir adelante? —decĂa Miguel Ardán—. ÂżPor quĂ© no hemos de llegar? ¡Nos hemos lanzado; no tenemos obstáculos delante; el camino está expedito, sin piedras en que tropezar; marchamos con más libertad que el barco por el mar y el globo por el aire! Pues bien, si un barco llega a donde quiere y un globo sube tanto como le parece, Âżpor quĂ© nuestro proyectil no ha de llegar al punto a donde ha sido dirigido?