Cecilia Valdes
Cecilia Valdes —Resuellas por la herida, compadre. Vamos, que no es ningún pecado amarrar la mula tras de la puerta. Mi padre es español y no tiene mula; mi madre sà es criolla y no respondo que sea de sangre pura.
—Es que tu padre por ser español, no está exento de la sospecha de tener sangre mezclada, pues supongo que es andaluz, y de Sevilla vinieron a América los primeros esclavos negros. Tampoco los árabes, que dominaron en AndalucÃa más que en otras partes de España, fueron de raza pura caucásica, sino africana. Por otra parte, era común ahÃ, entonces, la unión de blancos y negros, según el testimonio de Cervantes y de otros escritores contemporáneos.
—Ese rasguito histórico, don Pancho, vale un PotosÃ. Se conoce que la cuestión de razas te ha costado algunos quebraderos de cabeza. No paro yo en eso la atención, ni creo que hace bulto ni peso la sangre mezclada. Lo que puedo decir es que, no sé si porque tengo algo de mulato me gustan un puñado las mulatas. Lo confieso sin empacho.
—La cabra siempre tira al monte.
—El refrán no viene al caso; mas si lo dices para afirmar que no te gusta la canela, peor para ti, Pancho, porque eso quiere decir que te gusta el carbón, género mucho más inferior.