Cecilia Valdes
Cecilia Valdes —El cuento es, —observó Pancho—, que sin estudiar a fondo una cosa y otra, sé que el caso participa de ambas y no son ustedes los que me corrigen la plana.
—A todas éstas, caballeros ¿qué lección tenemos hoy? No concurrà a la clase el viernes, ni he abierto el libro en todo este tiempo.
—Govantes señaló para hoy el tÃtulo tercero, que trata del derecho de las personas, —respondió Diego—. Abre el libro y verás.
—Pues no he saludado esa materia siquiera, —agregó Leonardo—. Sólo sé que según el derecho patrio, hay personas y hay cosas; que muchas de éstas, aunque hablan y piensan, no tienen los mismos derechos que aquéllas. Por ejemplo, Pancho, ya que te gustan los sÃmiles, tú a los ojos del Derecho no eres persona, sino cosa.
—No veo la similitud, porque no soy esclavo, que es a quien considera cosa el derecho romano.
—Ya. No eres esclavo, pero alguno de tus progenitores lo fue sin duda y tanto vale. Tu pelo al menos es sospechoso.
—Dichoso tú que le tienes flechudo como los indios. Si vamos a examinar, sin embargo, nuestros árboles genealógicos respectivos, hallaremos que aquéllos que pasan por ingenuos entre nosotros, son cuando menos libertinos[53].