Cecilia Valdes

Cecilia Valdes

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Capítulo X

Engañó al mezquino

Mucha hermosura;

Faltó la ventura,

Sobró el desatino;

Errado el camino

No pudo volver

El que por amores

Se dejó prender.

D. HURTADO DE MENDOZA

Decíamos que los estudiantes de derecho patrio imitaron el ejemplo de su profesor poniéndose todos de pie. Pero aunque ganosos de salir del aula, según es de suponerse, permanecieron en sus puestos respectivos hasta que aquél descendió de la cátedra y se dirigió a la puerta de salida, cabeza baja y libro de texto debajo del brazo; entonces desfilaron en dos columnas tras él, en respetuoso silencio.

Los pocos que le acompañaron hasta la puerta de su celda, al fondo de la galería, fueron los seminaristas, pupilos del colegio, los cuales se distinguían por la ropa talar de estameña color pardo que vestían y que les daba la apariencia de monacillos[59]; si bien es seguro que ninguno de ellos seguiría la carrera eclesiástica.


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