Cecilia Valdes
Cecilia Valdes Prohibiósele explícitamente a María de Regla el dividir sus caricias y el tesoro de su seno entre las dos niñas, siquiera el tomarlas juntas en brazos. Pero aunque esclava, temerosa del castigo con que la habían amenazado, era madre, quería a su propia hija entrañablemente, quizás más por lo mismo que no la permitían criarla; así que siempre que las otras esclavas le proporcionaban la ocasión, tarde de la noche y fuera del alcance de la vista de los amos, se ponía ambas niñas a los pechos y las amamantaba con imponderable delicia. La robustez de la nodriza, al parecer sin detrimento ni desmedro, proveía ampliamente a aquella doble lactancia. Criábanse las dos hermanas de leche sanas y fuertes. María de Regla no hacía diferencia entre ellas, y así en la mayor armonía habría corrido su infancia si tan luego como empezó a disminuir el sustento no trataran de disputárselo y armar llanto, en especial la blanca, no acostumbrada a semejante división.