Cecilia Valdes

Cecilia Valdes

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Por fortuna, tales ejemplos de injusticia y de crueldad ocurrieron cuando ambas niñas no tenían uso de razón, y como crecieran juntas, como en realidad mamaran una misma leche, no obstante su opuesta condición y raza, se amaron con amor de hermanas. Adela entró en años y concurrió a una escuela de niñas poco distante de su casa en compañía de su hermana Carmen, a donde Dolores les llevaba los libros junto con la fruta y el refresco a medio día, y a las tres de la tarde las acompañaba en su vuelta a la casa. Carmen y Adela alcanzaron la edad de la pubertad, Dolores antes que ellas, y en dejando la escuela no se les separaba ésta ni de día ni de noche. Las vestía, las peinaba, les lavaba los pies a la hora de acostarse; durante el día cosía al lado de sus señoritas, y de noche, bien dormía en el duro suelo al lado de la cama de Adela, bien en el cuarto inmediato sobre la rígida tarima, a la vista de otra criada, la más anciana de la servidumbre.








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