Cecilia Valdes
Cecilia Valdes En la escena debÃa jugar José Dolores su hermano un papel principal. Daba por hecho que Cecilia no le amarÃa nunca. Esto poco importaba, porque una vez torcidos los amantes, no serÃa difÃcil infundir celos a Gamboa, por lo mismo que en su pique con el blanco era natural que ella se prestase a coquetear con el mulato. Ya veremos el desenlace fatal de estas intrigas.
Sucedió que al desembocar Leonardo Gamboa en la calle de O'Reilly, se separaba de la ventanilla de la casa de Cecilia un hombre que tenÃa toda la traza del hermano de Nemesia. Picó aquello su curiosidad, por lo cual, sin previo aviso, se acercó a media carrera, y con la punta de los dedos levantó el canto de la cortina blanca. Detrás se hallaba Cecilia sentada en una silla, con el codo descansando en el poyo de la ventana y la barba en la palma de la mano. Al reconocer a su amante en la persona que habÃa levantado la cortinilla, no manifestó sorpresa ni alegrÃa.
—SÃ, —la dijo él, muy mortificado por lo que habÃa visto y por la indiferencia con que ella le recibÃa—. SÃ, disimula ahora. ¿Quién no la ve ahÃ? Parece que no quiebra un plato. ¿Qué haces?
—Nada, —contesto seca y lacónicamente.
—¿Está fuera tu abuela?
—SÃ, señor. Ha ido a la salve, ahà enfrente.
—Abre pues. Déjame entrar.
—De ninguna manera.