Cecilia Valdes
Cecilia Valdes Por supuesto, en las porciones más elevadas de dicha mesa, no se ven fuentes naturales, ni llueve tampoco a menudo; pero es tan copioso el rocÃo nocturno, que moja el suelo y refresca la vegetación. No conociéndose en el paÃs ningún sistema de regadÃo, a ese fenómeno meteorológico hay que atribuir la lozanÃa con que crecen y el verde esmeralda con que se visten las plantas en todas las estaciones del año. En cambio, el descuaje del arbolado, el cultivo general de la mesa, particularmente de aquella parte que iban recorriendo nuestros dos viajeros, habÃan ahuyentado los pájaros de cuenta, y apenas si se veÃan uno que otro grupo de judÃo de vuelo pesado y penetrante graznido, un par de tÃmidas tojosas, una fugaz bijirita y pequeños tomeguines escondidos en los arbustos inmediatos.
Mientras más se alejaban de Hoyo Colorado, más cafetales encontraban a uno y otro lado del camino; como que esas eran las únicas fincas rurales de cierta importancia en la porción occidental de la mesa, al menos hasta el año de 1840. Hablamos ahora del famoso jardÃn de Cuba, circunscrito entre las jurisdicciones de Guanajay, Güira de Melena, San Marcos, AlquÃzar, Ceiba del Agua y San Antonio de los Baños. No se fundaban entonces ahà granjas para la explotación agronómica, en el sentido estricto de la palabra, sino verdaderos jardines para la recreación de sus sibaritas propietarios, mientras se mantuvo alto el precio del café.