Cecilia Valdes
Cecilia Valdes Contra el sistema legal de mensuras observado en Cuba desde ab initio, estaban divididas esas bellísimas fincas en figuras regulares, prevaleciendo el cuadrado, y acotadas todas con setos de limoneros enanos, con zarzas y más comúnmente con tapias de piedra seca, o cercas primorosas y artísticamente construidas. Cubríanse éstas de enredaderas o aguinaldos, especialmente de campanilla blanca, los cuales abrían por Pascuas de Navidad, daban aspecto risueño a la campiña con sus níveas flores, en contraste con el verdor fuerte del arbolado cercano, mientras que con su exquisito y trascendental perfume embalsamaban el ambiente por millas y millas a la redonda.
Sus ostentosas y cómodas viviendas no caían en las anchas calles o calzadas que separaban entre sí los diferentes predios. Más bien buscaban la reclusión y el sombrío que brindaba el interior, como que crecía ahí más frondoso el naranjo de globos de oro, el limonero indígena y exótico, el mango y la manga de la India, el árbol del pan, de ancha hoja; el ciruelo de varias especies, el copudo tamarindo de ácidas vainas, el guanábano de fruta acorazonada y dulcísima, la gallarda palma, en fin, notable entre la gran familia vegetal por su tronco recto, cilíndrico, liso y grueso como el fuste de una columna dórica, y por el hermoso cerco de pencas con que se corona perennemente.