Cecilia Valdes

Cecilia Valdes

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A flor del camino sí erigían la entrada, portal, mejor, arco triunfal, bajo cuya sombra, como por las horcas caudinas[145], había que pasar para coger la ancha avenida, flanqueada de palmas y naranjos, que conducía a la apartada vivienda señorial, oculta allá en el espeso arbolado. Aún después de haber avanzado bien adentro, no siempre descubría de lleno el caserío, ni se llegaba a él derecho; porque a menudo ocurría dividirse la avenida en dos ramales, describiendo dos medios círculos, uno de entrada, otro de salida, que limitaban de un lado los cafetos o setos de zarzas, y del opuesto los jardines de flores, desplegados a un tiempo a la vista del sorprendido viajero. Siguiendo por cualquiera de esos medios círculos, de seguro que se daba con la morada de los dueños y sus dependencias inmediatas en primer término; después con la casa, por lo general exenta, del molino, en el centro de una como plaza o batey, en torno del cual se hallaban los tendales[146] o secaderos de café, los almacenes o graneros, las caballerizas, palomar, corral de gallinas y la aldea formada por las cabañas de paja de los esclavos.






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