Cecilia Valdes
Cecilia Valdes —Papa se queda. Estamos convidados a pasar las Pascuas como digo, con la familia del señor Gamboa en su ingenio La Tinaja, allá lejos, muy lejos, por el Mariel. Han puesto una gran máquina de vapor para moler caña; romperá la molienda la vÃspera de Pascuas y aguardan por nosotros. Aquà han llegado a buscarme el niño Leonardito y el niño Diego Meneses, que tú conoces.
—¿Con que si va otra vuelta?, —repitió el Contramayoral pensativo.
—Estaremos ausentes muy poco tiempo, cuando más hasta después del domingo de Niño perdido. Me da mucha pena dejar a papá solo. Pero espero en Dios que no le sucederá nada, antes me prometo que Vds. le cuidarán bien.
—Asina si jará niña.
—Pero si por desgracia se enfermare en nuestra ausencia, te encargo, Pedro, que sin pérdida de tiempo me despaches un propio al ingenio La Tinaja, cerca del pueblo de Quiebrahacha. Acuérdate de estos dos nombres: Tinaja y Quiebrahacha.
—Asina si jará, niña.
—Rafael o Celedonio, cualquiera de los dos, sirve para el mandado. Ellos conocen el camino de aquà a Guanajay; de allà al Quiebra Hacha se sabe que quien tiene lengua a Roma va.
—Asina si jará, niña.