Cecilia Valdes
Cecilia Valdes Parecía que Isabel se proponía monopolizar por el resto de la velada la conversación y la sociedad de Diego Meneses. De aquí el motivo aparente del pique de Rosa con ella, según lo revelaban sus últimas palabras. La misma sospecha y con igual copia de razones podía abrigar Isabel respecto de su hermana menor, dado que desde el principio se apropió las atenciones y compañía de Leonardo. Mas ninguno de los jóvenes estaba satisfecho de sí mismo ni del otro. Esta era la verdad; de suerte que se cansaron de los paseos más pronto de lo que podía razonablemente esperarse, sólo que en vez de sentarse se apoyaron como por acaso en la barandilla, quedando, también casualmente, cual deseaban en secreto: Isabel al lado de Leonardo. Rosa al de Meneses, y doña Juana fuera del grupo. Amaba ésta a sus sobrinas con amor de madre, como quien las había criado desde pequeñuelas; deseaba su establecimiento, y, siendo ella casamentera de índole, claro está que no tomó a mal una eliminación mediante la cual aquéllas podían tener un rato de íntima comunicación con sus galanes.