Cecilia Valdes
Cecilia Valdes —SÃ, señol, yo diré corriendo, ma el tabelnero ha serrao. Ya es mu talde. Dispué está él más escamao colmigo quel diablo, polque me conose y sabe que, anque mestá mar en desislo, he birao más de uno de esos cangrejos. Yo no pueo miral pa un catalán sin que me se suba la sangre…
—Bien, hombre, vaya, haga la diligencia. Tal vez abre. Toque recio.
—Es que… paisano, ¿el señol no entiende?, digo que… que siel señol no pinta, le hago sabel que no tengo ni Jilacha. No he hecho ni la cruz esta noche.
—Vamos, amigo, ¿por qué no me lo dijo antes con antes? Aquà hay dinero. Meta Vd., la mano en esta faldriquera del chaleco. Ahà debe haber una amarilla[182], dos doblones y un dobloncito. Coja Vd. el más chico y corra, que se me va la cabeza… no veo nada.