Cecilia Valdes

Cecilia Valdes

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Es querei desisde ar señol, que dende el año pasao, entre yo, un paidito ñamao Picapica y un morenito ñamao Cayuco, paranos de mañanita temprano, junto a la plasoleta de Santa Teresa, a un blanquito mu currutaco que en cuanto que le enseñé el jierro me se quedó muelto entre las manos y mos dio toas las prendas que tenía arriba de su cueipo. Misamigos se cogieron la plata y yo me cogí esta prenda. Dispué se la yebé a un platero de la Calsáa pa vel si me la meicaba; ma en cuanto que la miró bien, va y me dise: Esta prenda es robáa, y yo no doy poleya ni un cabo de tabaco. Míe, paisano, cogí piche, y dende ese día la tengo enterráa. Es factible quer señol puea vendesta.

—Daca la prenda dichosa, —dijo Dionisio con gran prosopopeya.

Pero no bien la tuvo en la mano, exclamó sorprendido:

—¡Yo conozco este reloj, amigo Polanco!

—¿Beldá?, dijo Malanga, ¡míe que caso!

Era de oro, y de la argolla pendía, doblada en dos, en vez de cadena o cordón, una cinta moaré azul y encarnado, cuyas extremidades recogía una hebilla, así mismo de oro.

—Conozco este reloj, —repitió Dionisio—. Señorita, quiero decir, mi señora, se lo regaló al niño Leonardo en octubre del año pasado. Debe tener una marca.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker