Cecilia Valdes

Cecilia Valdes

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Pa eso que a mí no me vale er que me ñamen Polanco o Malanga, dijo éste con cierta resignación. Lo mismito da. Tóos me conosen pol los dos nombres. Yo soy más conosío en esta suidá que los perros. Y míe er caso, yo tambié estoy pregonao. Mes capé de las uñas de Tondá pol un milagro. Pue, señol, dentré yo una noche der año pasao con dos amigos, argo talde, en la tabelna que está en la esquina de Manrique y la Estreya. Pedimos un poco der que quema, bebinos y salinos de rengue liso, cuando er tabelnero va y me coge pol la camisa pa que le pagáranos la bebía. Míe, paisano, me se subió el diablo: metí mano ar jierro y le di una mojáa na más aquí (pasándose el índice por la garganta) sarva sea la paite. Der viaje sortó un caño de sangre como un toro jerío, y pa que vea er señol, sartó el mostraól y nos corrió atrás hasta la esquina, donde tubo que agarraise, cayó y dejó maicaos los deos con sangre en la paré[183]. Dispué, Tondá se olió que habíanos sido nosotros, y tanto nos buscó hasta que dio con los tres en un velorio, allá pol lo Sitios. Yo salí safando, ma mis dos amigos cayeron en er laso, y entuavía maman cáisel. Dende entonce ando sin sombra, polque Tondá es mú júbilo. ¿No ve? Sargo solo de noche y a pena ni paso pol la tienda.

—¿Qué tienda?

—La tienda der maestro Sosa.

—¿Maestro de qué?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker