Cecilia Valdes
Cecilia Valdes Ille dolet tere qui sine teste dolet
Verdadero es el dolor del que sin testigos llora.
MARCIAL
Hasta la puerta de la casita en la calle del Aguacate, acompañaron a Cecilia el sastre Uribe, Clara su mujer, Pimienta y su hermana Nemesia.
Así que llamó Cecilia del modo particular convenido, rodó la tranca y se abrió por sí misma la puerta. Es que la abuela, muy enferma para esperar en pie a la nieta, había atado el cabo de una cuerdecita al extremo de la tranca, cerca de su punto de apoyo, y el otro cabo a uno de los pilares de la cama, al alcance de su mano. Por lo pronto no se hablaron una palabra.
