Cecilia Valdes
Cecilia Valdes —Pero tendrás novio y te casarás pronto, ¿no es as�
—No tengo novio ni me voy a casar pronto. En fin, tendrá la señora la bondad de decirme si el señor doctor…
—Ya te he dicho, —interrumpió doña Agueda—, que Montes de Oca ha pasado mala noche y dio orden de que no lo despertaran hasta las diez.
—¡Ay de mÃ! —exclamó Cecilia profundamente afligida—. ¡Qué desgracia!
Tocado con esto a lo vivo el corazón amoroso de doña Agueda, preguntó con intención:
—¿Y tú quién eres?
—Yo soy Cecilia Valdés, —contestó la joven llorando.
—¡Cecilia Valdés! —repitió doña Agueda entre sorprendida y cavilosa. Después añadió con vivacidad—: Ven, entra.
Sin aguardar respuesta ni esperar objeción ninguna de parte de la muchacha, fue por sà misma a correr el cerrojo de te con que se cerraba el postigo de la puerta, y la dio franca y amable entrada en su casa.