Cecilia Valdes
Cecilia Valdes —Eres injusto, muy injusto con tu padre y conmigo. Con él, porque no accedà a sus ruegos sino cuando me convencà plenamente de que eran rectas y santas sus intenciones respecto de ti, de la familia y de la misma Valdés. Conmigo eres injusto, porque viendo que tu padre estaba resuelto a cortar de cualquier modo, costara lo que costara, tus relaciones clandestinas con la muchacha, decidà encerrarla en las Recogidas por un corto tiempo, digamos, hasta tanto que te recibes de Bachiller y te cases como Dios manda y como conviene a tu clase y al caudal de tu familia. Que después, si te parece, volverás… a los primeros amores.
Leonardo se quedó callado y pensativo, y dijo luego con tibieza:
—¡Adiós, Fernando!
Este le detuvo por el brazo y repuso:
—No has de irte de esa manera, cual si hubiésemos reñido. Ven a mi palco: saludarás a mi esposa y oirás a mi lado el segundo acto de la ópera. Para aliviar ciertos dolores no hay bálsamo comparable con el de una buena música.
