La peineta calada
La peineta calada –Tú te la pondrás otra vez, no hay cuidado –replicó sonriendo la vieja–, y si no, la de don Liborio… –¡La peineta de don Liborio! … Primero me pongo en la cabeza una jaba o un peine de caballo.
–Bien, no te pondrás ninguna de las dos peinetas; pero yo quiero que el mismo Andrés que hizo y te regaló la que te rompieron, sea el que la componga. Se la llevaré mañana a la tienda.