La peineta calada
La peineta calada No estaba dando más que el primer paso. La maldita vieja, con la presteza del rayo, pocos momentos después de aquella conversación con su hija, tomó una mantilla blanca y salió a la calle en busca de don Liborio, única persona en quien había depositado el secreto de su plan, como la única capaz de ayudarle a llevarlo a cabo.