La peineta calada
La peineta calada –¿Lo han matado? –preguntó doña Margarita dirigiéndose a los hombres, mientras levantaba a su hija del suelo, con gran fuerza increÃble en su edad y en sus achaques.
–No, señora, no se asuste usted, no viene más que desmayado –respondió apresuradamente el que traÃa la delantera y parecÃa ser el juez.
–¡Nuestra Señora de los Milagros sea con nosotras! –exclamó la anciana–: ¡ésta es noche de desgracias! ¡Andrés! ¡Dolores!… ¡Que se mueren! ¡Loreto! ¡Loreto! (a la criada). ¡Corre, que se me muere la niña!