La peineta calada
La peineta calada La primera, la segunda y aun la tercera tarde, Dolores no se mostró menos pesarosa con su marido; mas según fueron pasando días, su dolor fue convirtiéndose en remordimiento, y desde entonces, por su mal, empezó a fingir contento, conformidad y alegría, corriendo a recibirlo con la sonrisa en los labios cuando precisamente acababa de derramar un diluvio de lágrimas.
La salvación de Andrés acaso pendía de una sola palabra de su esposa, pidiéndole en tiempo la explicación de su extraña conducta: esta palabra no se dijo y Andrés corrió a su perdición a rienda suelta, envolviendo en su ruina a su virtuosa y buena compañera.