Los doce trabajos de Hércules

Los doce trabajos de Hércules

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E en este grand allegamiento los nobles mancebos de noble linaje tenían a grand vergüença que por ellos no fuese puesto remedio. E ofreciéronse de ordenar una grand caça en que los más dellos escogidos armados en sus cavallos serían de las armas que convienen para el tal fecho para matar el dicho puerco por virtud y beneficio de golpes y feridas y seguirlo de los corrientes cavallos fiando en su aya otras vezes provada virtud. Así fue concluydo, aceptado y loado y la caça ordenada. La fama deste fecho se estendía por la provincia mayormente veyendo los grandes aparejos que para esto fazían. Súpolo la virgen Atalante que andava por los montes usándose y deportándose en el venático oficio, por quitar ociosidad de sí y estar apartada de compañía de las gentes a fin y intención de mejor guardar virginidad que a los sus dioses prometido avía. Desta Atalante faze grand mención Sant Gerónimo en el tractado Contra Justiniano. Esta virgen fue a aquel allegamiento por ser en la caça del nombrado puerco, y creedera cosa es y razonable que llamada y rogada por los que la caça ordenaron y en ella yr querían, queriendo de la dicha virgen ser acompañados, y ayudados y avisados en y de los lugares y pasos do el dicho usava puerco y do avía mayor lugar y vantaja para lo matar. Ca eran ciertos que ella en esto mejor sabía pues morava en los montes. E andava cada día por aquellos apartados lugares y podía ver y saber y sabía los lugares y mañas de las otras y del dicho puerco y de las cosas que fazía. Así andubieron en uno con la virgen Atalante que los guiava, a los nobles mancebos de Calidonia a las asperas montañas, do más usava el esquivo puerco. El qual sentido el ruydo y estruendo de las nuevas armas, sonidos de los osados mancebos, salió veniendo contra ellos sin temor de la muchedumbre y púsose en medio fendiendo la haz de los cavalleros de aquellos, feriendo muchos con el golpe de sus agudos dientes, espantándose los cavallos de la su venida. E temían las sus feridas y grand parte de fuyr curavan negando obedescer las riendas del cavalgador. E las espuelas sangrientas en la y de la sangre de los cavallos non los podían fazer allegar al sañudo puerco, mayor era el temor por la visión que el dolor por las feridas y sobre mayor que el pujamiento de las espuelas. Ya los mancebos osados eran, ya por sus cavallos destornados que en su ayuda avían traýdo. E maguer el cruel puerco muchas y diversas vezes oviese fecho feridas no se tornava a la espesura de los árboles ni se curava de los coçes de los aquexados cavallos. Tanto los trabajó que los fizo allí parar y mover no se podían. Con todo eso por los cavalleros era reziamente combatido de lanças y espadas. E no el suponteficado cuerpo romper podían ya muchas lanças eran en tierra caýdas pocas armas en las manos de los /fo. XXIIII r/ cavalleros [quedavan][78], grand parte dellos caýdos en tierra y desmembrados por el puerco. E otros se afogavan en la sangre de los cavallos. E los que quedavan querían si ser pudiese de allí lejos estar, conociendo que no avían defendimiento y a la su virtud fallescían armas y aun con todo eso la yra del puerco no era menos que antes. Quantas impiadosas bueltas bozes con profundados gemidos sonavan al cielo invocando [siquier][79] llamando a los inmortales dioses, quanto dolor y cuitas del conocimiento de tanta mancebía que allí era, no pueden los historiales suficientemente o complida por exemplo representar.


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