Eneida

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ya la tierra de Ausonia está a tu vista. Iza velas y ve a adueñarte de ella.

Pero es fuerza que pases de largo por su costa.

Está lejos la parte que Apolo tiene abierta para ti!

480 ¡Ve ya, feliz de ti por el amor que tu hijo te profesa!

¿A qué me alargo más y hablando hago esperar al viento que ya sopla?»

Andrómaca a su vez entristecida en el último instante del adiós

va trayendo vestidos con figuras recamadas con trama de oro;

a Ascanio una clámide frigia. No quiere ir a la zaga en largueza.

485 Y le colma de entretejidas prendas. Y añade estas palabras:

«¡Recibe, tú, hijo mío, estos dones, que sean para ti recuerdo de mis manos

y te prueben el hondo amor de Andrómaca, la esposa de Héctor!

Tómalos; son el último obsequio de los tuyos,

tú, que eres la única imagen viva que me queda

490 de mi Astianacte ya. Sí, son sus mismos ojos, sí, eran así sus manos.

Así el rostro. Sería de tu edad. Estaría creciendo como tú».


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